Hace unas semanas conversaba en Ciudad de México con mi amigo el escritor panameño Carlos Wynter acerca de la extraordinaria sensación de «llegarle» a alguien con los libros que uno escribe.
«Eso es lo que buscamos los escritores, ¿no?», me decía Carlos. «No es fácil que suceda, pero siempre aspiramos a entablar una comunicación profunda con quienes nos leen». Los dos coincidimos en la ilusión y en la gratitud que se siente cuando tiene lugar un acto de comunicación de ese tipo.
Yo sentí gratitud e ilusión el pasado 20 de marzo al leer la reseña que Jarouska Cocco le había dedicado a La cinta verde (Abada Editores) en el periódico dominicano Diario Libre.
En los relatos del libro, escribió Cocco, «el vínculo afectivo se presenta como un territorio atravesado por el deseo, la obsesión, la fantasía, esa epifanía que a veces llega cuando ya es demasiado tarde. El autor se detiene en lo que ese sentimiento tiene de indescifrable, en lo que no termina de explicarse».
Y añadió: «La escritura avanza con discreción, sostenida por escenas de paso, personajes secundarios y detalles mínimos que dan espesor al relato. La prosa poética de estos cuentos les otorga la intensidad de una pequeña novela; lo sensorial —colores, sabores, sonidos, espacios concretos— construye una atmósfera memorable».
En estos primeros meses de 2026 ha habido otras tres reseñas de La cinta verde, por las que también me sentí muy agradecido. La primera de ellas fue la que publicó Francisca Pageo en la revista Détour el 9 de enero: «Y eso es justamente lo rico de este libro, la pura emoción del amor, la pura emoción de la vida…».
El 2 de febrero apareció una reseña de José Luis Ibáñez Salas en Nueva Tribuna: «La literatura de Colden es de una precisión delicada».
Y, dos semanas más tarde, vio la luz la que escribió Ángel Silvelo Gabriel para Todo Literatura: «Siete historias distintas entre sí, pero con el denominador común del amor y, sobre todo, del estilo narrativo, porque el escritor madrileño ha cuidado, y mucho, lo que tanto se descuida en la actualidad: el estilo».
«Pro captu lectoris habent sua fata libelli», escribió el poeta y gramático latino Terentianus Maurus. «De la capacidad del lector depende el destino de los libros». Es decir, la sensibilidad, la inteligencia y la disposición de quienes leen determinan el impacto o la fortuna de una obra, que también tendrá que poner de su parte para que se produzca la comunicación profunda e intensa a la que se refería mi amigo Carlos Wynter. ¿Llegarán a encontrarse el autor de un libro y sus lectores? ¿Se entenderán? Es tan difícil que eso ocurra…
Nota: recopilé las anteriores reseñas de La cinta verde en estas otras dos entradas de mi blog: aquí y aquí.
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Dónde comprar La cinta verde
– En alguna de las librerías agrupadas en TodosTusLibros.com
(y en muchas otras librerías)
– En la editorial Abada
– En la Casa del Libro
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– En El Corte Inglés
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