Un amor de juventud

Yo era entonces muy joven. Tenía diecinueve años cuando la conocí, y ella…

Ella era mucho mayor que yo.

(¿Su edad? Unos cuantos siglos).

Fue un amor de juventud. Yo la quería. Creo que ella también me quiso a su manera.

Nunca llegué a conocerla bien. ¿Cómo habría podido? Eso era imposible.

Lo nuestro duró cuatro años. Yo no podía darle lo que ella me pedía, lo que ella merecía. Y preferí alejarme.

Se cometen a veces, siendo joven, estos errores fatales, estos enormes errores que lamenta uno después toda la vida.

Fue un amor de juventud. Intenso, fantasioso, fervoroso, apasionado.

Yo me enamoré de la lengua rumana, elegantă şi frumoasă, o limbă minunată…

Me enamoré de ella como solo se enamora uno cuando tiene dieciocho o veinte años.

Me gustaba cómo sonaba. Su música, su cadencia, sus armonías. La dulzura de su a cu căciulă, la belleza de su i gutural, la rica y gustosa paleta sonora de sus consonantes fricativas y africadas.

Me fascinaba su mezcla de cercanía y de lejanía, de familiaridad y de exotismo. Su noble filiación latina, enriquecida por el aporte eslavo. El toque leve de la lengua turca (huzur…).

Esa mezcla me resultaba irresistible.

Ella me regaló un mundo, de la forma en que solo puede hacerlo una lengua distinta a la nuestra materna. Me regaló una historia, una literatura, un sabor, otra patria.

¿Qué le di yo? Le di mi amor y mi veneración. Horas y horas de estudio y de entrega devota. La ofrenda humilde del placer que sentí junto a ella.

Nuestra relación duró cuatro años, pero cuando nos separamos yo sabía que nunca dejaría de quererla.

Aquel amor quedó muy lejos. ¡Tanto tiempo ha pasado desde entonces! Da igual: en estos cuarenta años no ha habido un día en que no me haya acordado de ella. Siempre tuvo y tendrá un lugar en mi corazón, un rinconcito que es solo suyo. Y a veces fantaseo y me pregunto si no sería posible…

Aş vrea atât de mult…

*

En la segunda mitad de los 80, mientras cursaba Filología Románica en la Universidad Complutense de Madrid, estudié rumano durante cuatro años en la Escuela Oficial de Idiomas. Yo le había propuesto a mi amigo Manolito —el joven poeta Manuel R. Martín, compañero en Filología— que nos matriculáramos primero en portugués, pero él me dijo que para el portugués siempre tendríamos tiempo, que era mejor que empezáramos por el rumano.

Acepté con gusto su propuesta; comenzamos a ir juntos a clase, un par de tardes por semana. Poco después, a los dos o tres meses, Manolito se cansó del rumano —¡estos poetas!— y yo continué cuatro años más. (Un recuerdo agradecido a mis profesores de la EOI, José Damián González-Barros y Ana Maria Diaconescu).

Hace unos meses, a principios de junio, me emocionó enormemente viajar a Rumanía por primera vez en mi vida. Fueron apenas tres o cuatro días en la capital, en un viaje de trabajo, con algún rato libre para el gozoso callejeo. Tardes de junio en Bucarest, bajo la fronda tierna de los tilos, de los castaños y los cerezos, de las moreras. Y me reencontré con aquel amor de juventud. Tampoco ella se había olvidado de mí… Trebuie să mă întorc!

❤️

Mi-e nostalgia de nopţile de vară: «Tengo nostalgia de las noches de verano».

 


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6 comentarios en “Un amor de juventud”

  1. Veo que compartimos un mismo amor por aquellos años. A finales de segundo de carrera yo ya había decidido que abandonaba Clásicas porque tuve un encontronazo con la profesora de griego y decidí hacer Románicas.

    Aproximadamente a mediados del tercer curso, mediados del 88, descubrí en la biblioteca de la Facultad de Málaga un manual de rumano. Era una edición mecanografiada que a su vez fotocopié; a partir de ahí, empecé a estudiar, en parte bastante por intuición, porque no tenía diccionario. Entre el italiano y el español, más o menos, fui sacando adelante el rumano.

    Me fui entusiasmando con lo que iba descubriendo de su literatura. Aparte de lo que encontré en la Facultad, en librerías de segunda mano fui descubriendo la poesía  de Eminescu, de Arghezi, de Caragiale, Sadoveanu, Blaga… La Revolución rumana me pilló en pleno éxtasis con la cultura rumana.

    Y bueno, era la época pre-Internet, un momento en el que no pude continuar porque se me acabó el material, y porque llegaron otros amores. Con la llegada de Internet y la posibilidad de acceder a muchísimo material podría haber retomado aquel ímpetu, lo intenté, pero era otro tiempo, otra edad.

    Sigo atento a lo que pasa en Rumanía, sigo especial especialmente su literatura: Cărtărescu y sobre todo a Blandiana.

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    1. Muchas gracias por tu historia, Antonio. Somos de la misma quinta y hemos tenido estudios similares. Lo que no conté en mi entrada es que mi amor principal de aquellos años fue el italiano. A mí también me pilló estudiando rumano la caída de Ceaușescu. En fin, muy agradecido por tu lectura y por tu comentario. Un cordial saludo.

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